lunes, 9 de septiembre de 2013

Capítulo 1

Después de una tarde de cumpleaños junto a mis amigas, Nana me traía de vuelta a casa. Había pasado la tarde junto a las otras madres esperando a que me cansara de jugar junto a todas en el parque de bolas. Mi mejor amiga, Natalie, cumplía seis años y había decidido celebrarlo allí con todas. El cumpleaños terminó cuando el sol comenzó a ponerse y Nana me dijo que ya era hora de volver, que no podíamos llegar muy tarde a casa porque mis padres volvían hoy de un viaje de negocios. Asentí y quejándome un poco, me despedí de mi mejor amiga y volví junto a Nana a casa. Volvimos andando y en el camino Nana me compró una bola de chocolate con virutas, era mi sabor favorito. Atravesamos Central Park y corrimos por la Avenida Principal antes de llegar a casa. Nana abrió la verja y antes de pararse y abrir la puerta de casa, me limpió el chocolate de toda la cara. Abrió la puerta y no pude evitar correr hasta la habitación de mis padres para verles, les había echado mucho de menos. Entré corriendo a su habitación y me encontré tumbado en la cama a mi padre, con los ojos cerrados y un charco rojo en la camisa con un orificio en el pecho. Segundos después entró Nana y chilló sorprendida.
-Nana, ¿qué le pasa a mi papi, por qué no contesta?-le pregunté inocentemente.
Nana me cogió de la mano y me apartó rápidamente de mi padre, pero me deshice de su agarre y me tumbé junto a él en la cama.
-¡Diana, aléjate de ahí!-exclamó viniendo hacia mí.
-¡No, no, quiero estar con mi papi!-la chillé llorando. Mi padre no se despertaba, no sentía su corazón latir bajo su pecho cuando me tumbaba en él, no le oía respirar profundamente como siempre lo hacía cuando dormía.
-Cariño, tu padre...tu padre va a estar en un lugar mejor, tu padre va a verte desde el cielo y te va a proteger desde allí arriba-me susurró entrecortadamente en el oído.
 Negué con la cabeza, no, mi padre no podía estar muerto. Corrí al baño y no encontré a mi madre. Después fui a todas las  habitaciones y no estaba, mi mamá no estaba, había desaparecido. Fui corriendo a Nana y me tiré a sus brazos.
-Nana, ¿y mi mamá?-la pregunté y ella no supo contestarme, solo cogió el teléfono, llamó a la policía y me acunó hasta que dejé de llorar y me quedé dormida.
De esa noche habían pasado doce años. Ahora me encontraba en el funeral de la mujer que me había cuidado después de la muerte de mi padre y la misteriosa desaparición de mi madre, la que me había dado su hombro para llorar todas y cada una de las noches que recordaba ese día, que tenía pesadillas; estaba en el funeral de Nana. Noté una mano en mi espalda baja y vi a Natalie detrás de mí, dándome todo su apoyo. Después de esto había decidido algo que podría tirar por la borda toda mi vida, pero no me importaba, lo haría costara lo que me costase. Vengaría la muerte de mi padre y encontraría a mi madre.

No hay comentarios:

Publicar un comentario